El Caminante
El Caminante
Del cielo abierto hago mi techo esta noche;
las estrellas son testigos y la luna, mi guía.
No me llames “roto”, no me llames “perdido”;
mi vida vale entera, aunque no encaje en tu medida.
Soy una persona sin hogar, y aun así tengo hogar:
lo llevo en el pecho, donde nadie lo puede quitar.
Estos caminos son mi horizonte;
no estoy perdido ni olvidado:
estoy de pie, y eso es verdad.
En mi mochila llevo lo que importa:
recuerdos, sueños, historias sin contar.
He visto amaneceres que no caben en una llave,
mientras otros miran la vida detrás del cristal.
Yo hablo con el viento,
y mi alma no nació para agachar la mirada.
Algunos nacieron para quedarse, y otros para empezar de nuevo.
No juzgues lo que no entiendes:
no soy mi falta de techo; soy mi nombre.
Soy una persona sin hogar—mírame bien a los ojos:
no soy un aviso en la acera, ni un rumor, ni un estorbo.
No hay marca que me ate, ni juicio que me encierre.
No estoy roto ni vacío:
tengo dignidad, y sigo adelante.