Polvo Sobre Mis Zapatos
Polvo Sobre Mis Zapatos
He vagado por los valles, con polvo en mis zapatos.
Olvidé cómo adorarte, olvidé cómo elegir.
Las canciones que solía cantar ahora suenan lejanas y débiles,
Y la llama que una vez ardía en mí titila como una estrella muriendo.
Pero algo se mueve dentro de mí, un susurro en la noche.
Un llamado hacia el silencio, donde la sombra abraza la luz.
Y aunque temo Tu presencia, después de tanto tiempo lejos,
Hay misericordia en Tu quietud — y siento el llamado otra vez.
El altar aún arde, aunque mis manos estén frías.
El fuego aún espera, aunque mi corazón haya envejecido.
Tú nunca te alejaste fui yo quien se apartó.
Pero ahora corro a casa, y veo el altar aún arde.
No hay rayo que me destruya, ni ira que me derribe.
Sólo brazos suaves abiertos, y el calor que conocía.
Tú no exiges perfección, solo pides lo que es verdad
Un corazón herido pero dispuesto, y un alma que vuelve a Ti.
Traigo mis preguntas calladas, traigo mi vergüenza secreta.
Traigo las partes de mí que siempre temieron Tu nombre.
Pero siento las llamas de bienvenida, no fuego para consumir,
Sino un fuego santo y sanador, que expulsa toda tiniebla.
El altar aún arde, donde mis oraciones una vez se alzaron.
La llama aún me llama, aunque mi pozo se haya secado.
Esto no es el final — es un regreso sagrado,
Al fuego que me refina, al altar que aún arde.
Incluso cuando maldije al cielo, y caminé por caminos oscuros.
Incluso cuando dudé de las verdades que solía alabar
Tú dejaste el fuego encendido, como un faro en la tormenta,
Llamando a los pródigos y guerreros a volver y renacer.
Así que ahora traigo mi ofrenda no oro ni cantos ensayados,
Sino lágrimas y entrega cruda, y un hambre que aún tiene sed.
Si he de caer, caeré aquí, donde la misericordia aprende,
Que la gracia no se ha extinguido — el altar aún arde.
El altar aún arde — a través del silencio y los años.
A través de la apatía, el desvío, y los miedos que trae la tormenta.
La invitación sigue en pie, y mi alma ya regresa,
A los brazos de restauración, al altar que aún arde.
Pensé que el fuego había terminado. Pensé que la luz se había ido.
Pero Tú nunca dejaste de arder… y ahora regreso a casa.